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   Metodología Guías Clínicas
   
 
METODOLOGÍA DE LA GUÍAS CLÍNICAS
Las guías de práctica clínica han experimentado una enorme transformación durante la última década, debido a la búsqueda exhaustiva de datos en la literatura y a la sistematización en la fase de evaluación de dichos datos y las fórmulas para el establecimiento de conclusiones. Los 2 aspectos fundamentales en los que se basan actualmente las guías clínicas son:
 
- La calidad de la evidencia.
- La fuerza de las recomendaciones.
 
La búsqueda y ordenación de los datos publicados permite localizar las evidencias más fiables para cada concepto (por ejemplo: qué beneficio funcional se ha obtenido para cada tratamiento quirúrgico frente al cáncer de próstata), estableciendo niveles de calidad de evidencia (para cada dato o grupo de datos) en función de la consistencia de las observaciones (los meta-análisis y los ensayos aleatorizados son las mejores fuentes). Una vez reunidas las mejores evidencias es posible establecer recomendaciones, que serán más fuertes y consistentes cuanto mayor sea la calidad de la evidencia en la que se sustentan (por ejemplo: Recomendar o no la prostatectomia radical frente a otras modalidades de tratamiento de cáncer de próstata).
Cuando se formulan recomendaciones, el grupo elaborador de una guía debe plantear claramente el beneficio resultante de seguir una determinada recomendación. Con evidencias de calidad es posible establecer recomendaciones convincentes. Las etapas de recopilación de datos, establecimiento de evidencias (con su grado de calidad) y elaboración de recomendaciones (con su grado de fuerza) son las más críticas en el proceso de elaboración de una guía clínica.
 
De acuerdo a los instrumentos de la AGREE (Appraisal of Guidelines Research and Evaluation), la etapa de formulación de recomendaciones, debe acogerse a un marchamo de rigor en la elaboración, contemplando los siguientes aspectos: la metodología explícita, el establecimiento de objetivos clínicos bien definidos, la relación entre beneficios y riesgos para cada opción en base a criterios de evidencia científica. Para la SIGN (Scotish Intercollegiate Guidelines Network), una de las entidades más importantes del mundo dedicada a la elaboración de guías de práctica clínica, que dispone de una estructura logística muy desarrollada, la elaboración de las diferentes guías se produce dentro de un esquema en el que participan múltiples agentes (oficinistas, ingenieros, publicistas, enfermería, epidemiólogos, clínicos). Proponen una categorización sobre calidad de la evidencia y la fuerza de la recomendación.
 
 
Las guías de práctica clínica son herramientas en constante evolución por lo que se han ido desarrollando múltiples sistemas que utilizan diferentes propuestas, con gradaciones ajustadas a cada una de ellas. Generalmente las propuestas sitúan a las revisiones sistemáticas realizadas sobre ensayos clínicos aleatorizados (meta-análisis) en el nivel más alto de evidencia, seguidas, en orden descendente, por los estudios aleatorizados individuales, estudios de cohortes, estudios de casos y controles y series de casos. La opinión de los expertos es considerada en algunos sistemas como la categoría más baja de evidencia.
Entre las limitaciones presentes en los diversos sistemas actuales de confección de guías clínicas se encuentran la falta de transparencia en el paso de la evidencia a la recomendación y en la valoración del balance entre beneficios y riesgos, así como la falta de exactitud en la evaluación de la calidad de la evidencia y la fuerza de las recomendaciones. Pese a ello las guías clínicas son la mejor herramienta de la que se dispone actualmente para fundamentar la práctica clínica.
 

 
 
 

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